La Autopista

octubre 8, 2010 Deja un comentario

Ambos estaban hartos de caminar por el camino arenoso que tanto los molestaba, entrecerrando los ojos de cansancio o distrayéndose por el hambre hubo momentos que se olvidaron de las huellas en el suelo y se desviaron de su rumbo. El cielo estaba estático, todavía de color gris, y el ambiente parecía tener más vida que en aquella cueva donde se refugiaron. Alicia no comprendía cómo era que ambos intuyeron una ciudad a lo lejos, lo cual surgió durante una conversación.

-Déjame pensar…- dijo Bill, pasaron varios minutos y ninguno dijo palabra alguna, dejando a Alicia de nuevo en el aburrimiento y el hambre – Debe ser pura intuición- la cara de Alicia reflejaba decepción – No es que la intuición no sea correcta, nosotros siempre hemos estado en una ciudad… es probable que podamos reconocer el ruido a lo lejos-

-¿Y Eduardo fue caminando hasta allá?- pregunto Alicia- Parece mucha molestia para nada-

-Pues no estoy seguro- dijo Bill- tal vez no fue parte de esto después de todo, nada ha tenido sentido realmente- los nervios en Alicia comenzaron a regresar otra vez poco a poco, Bill se dio cuenta e intento calmarla – Pero bueno, al menos estaremos bien mientras lleguemos a la ciudad-

-¿Llegaremos?- pregunto Alicia- lo único que tenemos es la sensación, y unas pisadas en el suelo que no indican nada-

-Eduardo debió tener sus motivos para ir- dijo Bill- si fue supervivencia, algún plan elaborado o sabía algo que nosotros no, es nuestra única opción y no podemos hacer nada al respecto-

En algún momento ambos llegaron a entender que no había otra opción, estaban a la merced del destino y prácticamente no tenían decisión más que morir. Ya que no querían morir tuvieron que seguir caminando hacia aquel ligero y lejano ruido en el horizonte. Volvió a comenzar a oscurecer, el cielo se comenzó a alterar nuevamente y algunas ráfagas comenzaron a rodear a los viajeros. A lo lejos se vio una luz que  brillaba.

-¡Mira!- dijo Alicia señalando la luz- ¡Algo brilla por allá!- ambos intrigados por aquel brillo aceleraron el paso, mientras más se acercaban mas parecía el reflejo de algún espejo pero en realidad estaban tan lejos que ninguno de los dos podía saber. Al mismo tiempo, y con cada paso, se iba oscureciendo más el horizonte así como el día anterior.

-Creo que es un foco…- dijo Bill entrecerrando los ojos- ¡Puede que sea una casa!-

Se acercaron un tiempo después y descubrieron que era un poste de luz. Se quedaron bajo él contemplándolo por varios minutos.

-¿Qué es esto?- pregunto Bill

-Es un poste de luz- contesto ella

-¡Ya lo sé!- le replico- pero… ¿Qué hace aquí?- Bill comenzó a mirar a los alrededores y vio a lo lejos otro punto de luz, era otro poste de luz muy lejano de ahí – Allá hay otro- dijo Bill señalándolo, luego se percato que a la mitad de ese recorrido había un tercero, pero que no estaba encendido.

-El suelo, es diferente…- dijo Alicia, con la suela de su zapato comenzó a barrer la tierra sobre una porción del suelo – ¡Es una calle!- dijo Alicia con sorpresa

Ambos estaban tan felices de reconocer el mundo que conocían que no se habían percatado de su cansancio, ambos se hincaron para reconocer el suelo y se abrazaron de felicidad, y en varios segundos ambos se quedaron dormidos bajo aquella luz de lo que aparentemente era una autopista.

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La Cueva (3)

septiembre 30, 2010 Deja un comentario

La luz poco a poco volvía, para Alicia era difícil saber si había dormido o no, todo seguía algo oscuro pero el panorama fuera de la cueva había dejado de ser oscuridad total, podía reconocer que el que estaba dormido a dos metros de ella era Bill, quien estaba sentado recargado sobre una pared. Él tampoco había podido dormir y se había cambiado de posición cada veinte minutos hasta que el cansancio lo dejo inconsciente al hallar cómoda la posición recostada sobre la pared.

A su alrededor no había más que piedras y el suelo áspero donde durmieron, además de Bill frente a ella. Alicia noto que no se encontraba Eduardo y se asustó. Se levantó y se acercó a Bill y lo sacudió del hombro con ambas manos para despertarlo. Bill no reaccionó.

-Bill- lo llamo para despertarlo, Alicia comenzó a tener miedo de que algo haya pasado durante la noche y tomó ambos hombros de Bill y los sacudió con fuerza contra la pared de la cueva -¡Bill!- dijo gritando.

Bill tiró un grito de auxilio, como despertando de una pesadilla -¡¿Qué sucede?!- se despertó de inmediato alejándose de Alicia, agitando los brazos y poniéndose de pie. Él estaba completamente asustado, seguía sin poder ver bien pero de inmediato reconoció el cabello rojizo de Alicia -¿Alicia?-

Alicia se calmó un poco, pero todavía le quedaba la duda -¿Sabes dónde está Eduardo?- le preguntó esperando que supiera la respuesta

-¿Qué?- dijo Bill sorprendido, giro su cabeza alrededor pero no vio signos de vida – Es cierto… ¿Dónde se habrá metido?- Bill logró ver la preocupación en la cara de Alicia y le dijo –No te preocupes, si se fue no debe tardar.

Pasaron cuatro horas, la luz ya había regresado y el cielo había vuelto a la misma misteriosa tormenta del día de ayer, sin sonido ni viento. No había signos de que Eduardo estuviera cerca, Alicia se quedo de pie fuera de la entrada de la puerta para ver si podía verlo llegar pero simplemente no había rastros de él.

Bill también había estado preocupado por Eduardo, y desde tiempo atrás estaba buscando cualquier pista del camino que hubiera seguido Eduardo, o alguna otra cosa fuera de la cueva. Luego pensó en irlo a buscar, pero no podría dejar a Alicia sola, así que acordaron alejarse un poco más de la cueva y bajaron de la montaña.

-Mira esto- le dijo Bill a Alicia – Ese bastardo…- apretó los puños con enojo mientras veía unas pisadas en el suelo –Esta marca en el suelo es de los zapatos de Eduardo…-

Alicia estaba confundida, eso hacía pensar que Eduardo los había dejado abandonados pero ¿Por qué? ¿Qué hay a donde él fue? –Esto no tiene sentido- dijo Alicia

-Lo sé- le contesto Bill – ¿Cómo sabía hacia donde ir?… esto me hace pensar que Eduardo sabía de esto desde un principio- Alicia se sorprendió

-¿Crees que él nos trajo aquí?- le preguntó a Bill, el no respondió inmediatamente pero si le dirigió una mirada a Alicia. De hecho, para Alicia, la historia cuadraba… Eduardo fue el primero que vio a Bill, puede ser que él no haya estado en las mismas circunstancias de cómo lo estaban Alicia y Bill.

-Es probable…- dijo Bill – Si seguimos pisadas probablemente encontremos algunas huellas de coche o algo…- Bill dio un suspiro profundo – Es la única opción –

-Pero… – ella lo interrumpió, Bill la miro esperando su respuesta pero ella no sabía bien como decirlo – ¿Qué tal si él va a regresar por nosotros? –

-Aunque eso sea cierto- le respondió Bill – Aquí ni siquiera hay viento, nuestras huellas no podrán ser borradas…- Bill comenzó a caminar al lado de las pisadas, y continuo hablando – El podrá encontrarnos fácilmente si llega de otra distancia pero probablemente si viene de algún sitio…- Bill se detuvo y giro la cabeza para mirar a los ojos de Alicia- ¿Debe ser de allá no crees?-

Los pies de Alicia quedaron inmóviles por varios segundos, Bill no pensó que ella comenzara a caminar así que comenzó a caminar hacia ella. Justo en ese momento Alicia comenzó a caminar, siguiendo las huellas de Eduardo por un costado. Bill se detuvo y sonrió, aunque Alicia no podía soportar la ansiedad de ese entorno, al acercarse Bill comenzó a caminar y le dijo.

-Si Eduardo fue para allá…- Bill hizo una pausa, y dio un respiro de tranquilidad- debe saber que estará a salvo…- Alicia en ese momento que una gran carga se había liberado de su espalda.

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La Cueva (2)

septiembre 18, 2010 Deja un comentario

Alicia, Bill y Eduardo llegaron a una pequeña cueva y se refugiaron del fuerte viento que azotaba el lugar. El horizonte se había oscurecido como si se acercara la noche y la cueva se torno en un lugar de miedo e incertidumbre. No podían reconocerse las caras entre ellos, se conservaron a poca distancia de la entrada para poder usar la luz que, aunque era muy poca, era más que el oscuro fondo de la cueva.

-¿Ahora qué?- pregunto Alicia

-Supongo que descansar…- dijo Eduardo tratando de encontrar con sus manos un lugar adecuado para dormir – Mañana por la mañana intentare llegar lo más alto en la montaña- su mirada se veía triste y, aunque nadie pudo percibirlo con la oscuridad, Eduardo tenía los ojos llorosos – De ahí tendremos una vista sobre a donde seguir-

Se hizo el silencio, todos se recostaron en el suelo intentando dormir pero no lo lograron. La ansiedad y la duda los consumía.

-¿Cómo fue que llegamos aquí?- preguntó Alicia, acababa de desistir en su intento de dormir

-No lo sé- dijo Eduardo, se reacomodo para intentar ignorarla, pero era inútil

-Tal vez… nos secuestraron- dijo Bill, se había pasado todo el día silencioso tratando de encontrar una solución razonable – Y nos dejaron tirados en este desierto – Se hizo el silencio, nadie sabía realmente si era falso pues es igual de improbable que lo que estaban viviendo – Alguien definitivamente debió de habernos traído aquí… pero no puedo imaginarme porque-

-Entonces…- continuó Eduardo – Nos secuestraron, y nos tiraron en esta región… ¿Con que motivo?- Eduardo se reacomodo de frente a ellos – Tal vez nos dejaron aquí porque sabrían que moriríamos y no se molestaron en hacerlo directamente-

-No lo creo- dijo Bill- ¿Tienes alguna herida o moretón?- ambos, Eduardo y Alicia se revisaron a sí mismos y esperaron en silencio – Yo tampoco, eso significa que nos dejaron al menos al nivel del suelo-

-Pero…- comenzó a hablar Alicia, sus palabras eran tan dulces que eran como alimento para ellos dos – ¿Entonces porque?… ¿Por qué yo?… o nosotros…-

-No lo sé…- dijo Bill

-Además- continuó Alicia- nos dejaron en distancias muy separadas ¿No nos traían juntos?…- su mente estaba a punto de estallar por la ansiedad – ¿Por qué el cielo me da tanto miedo? ¡¿Por qué ni siquiera hemos visto el sol?!-

Alicia había comenzado a llorar, Eduardo y Bill se quedaron callados… todos querían continuar hablando pero sabían que al final solo les traería más dudas y confusión. Bill se recostó sobre una pared y comenzó a rezar en su mente hasta que se quedo dormido… Eduardo se quedo dormido una hora después por el cansancio.

Aunque en la noche, Alicia no pudo conciliar el sueño. La idea de estar siendo observados, mientras ellos estaban completamente ciegos, era la idea mas terrorífica que se le ocurría. No pudo dejar de pensar que alguien llegaría en cualquier momento, alguien que pudiera hacerle daño.

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La Cueva (1)

septiembre 17, 2010 Deja un comentario

¿Como es despertar y saber que no estás en la misma realidad?

-¡Mira!- dijo un hombre apuntando a lo lejos –Ahí hay alguien más-

Aquel hombre apuntaba al cuerpo dormido de una mujer en el suelo árido, ambos se acercaron a ella con curiosidad.

-¿Te encuentras bien?- pregunto la voz de aquel señor, los ojos de aquella mujer comenzaron a abrirse y vio frente a ella las figuras de dos personas desconocidas -¿Te duele algo?-

-No…- ella contesto, y él la ayudo a ponerse de pie- gracias…- dijo por costumbre, e inmediatamente se paralizo al ver el cielo. Estaba lleno de nubes grises que volaban a gran velocidad que parecía una escena en cámara lo suficientemente rápida como para ver un dia entero en dos minutos -¿Qué está pasando?-

-Es lo que queremos saber- la segunda persona comenzó a hablar, era un joven entre veinte y treinta años, era difícil saberlo –Estamos en las mismas condiciones que tú al parecer-

-¿A qué te refieres?- ella preguntó

-Nosotros…- dijo aquel señor mientras la miraba fijamente a los ojos, él probablemente tenía más de cuarenta – No sabemos qué sucedió… lo último que recuerdo era haberme preparado para salir de mi habitación… – sus ojos se comenzaron a llenar de lagrimas – No sé qué está pasando… ¡no sé cómo salir de esta situación!

Y es que ya se había imaginado que estaría así por siempre, nunca más volvería a ver a su familia y todo lo que conoce probablemente nunca lo volverá a recuperar. Ese sentimiento lo invadía mientras veía a su alrededor el oscuro desierto que sentía que lo aprisionaba.

-Cálmate Bill- dijo el joven dirigiéndose al afligido hombre – De algun modo saldremos de esta-

-Tienes razón…- Bill se seco las lagrimas con sus mangas y recupero la cordura- Gracias Eduardo…- aunque ambos sabían que estaban probablemente en un lugar sin salida, Bill considero que debía ser fuerte por la señorita que habían encontrado – Lo siento, me alteré un poco…-

La idea de lo que dijo Bill había recorrido la mente de aquella mujer y la hizo reaccionar de forma melancólica – No importa… – dijo ella mientras bajaba la mirada – ¿Qué es este lugar?-

-No tenemos idea- dijo Eduardo – Yo únicamente recuerdo haber despertado en aquel lugar…- lo dijo mientras señalaba con la mirada un lugar a lo lejos – Luego me encontré con Bill quien al parecer llego en la misma situación –

- Hemos conversado y habíamos pensado en comenzar a buscar un lugar para refugiarnos y dormir – dijo Bill mientras miraba las montañas a lo lejos en el horizonte – Pero luego te vimos a ti… no supimos de donde saliste, solo de un momento a otro estabas aquí-

-Yo…- un gran vacío se le hizo en el corazón a aquella mujer, sabía que decir pero la idea le destrozaba la mente- yo estoy… ¿Muerta?-

El corazón de Bill y Eduardo se paralizaron con la idea. Ambos pensaban en esa posibilidad diciéndose a sí mismos “¿Y si estamos muertos?” “¿Qué sigue?” “¿Cómo puedo estar muerto?” “No… no es posible” “¿Los tres estamos muertos?”

-Aunque…- ella comenzó a hablar de nuevo – Tiene sentido que busquemos refugio, aún si estamos muertos…-

La mente de Bill estaba hecho un desorden, pensando en que si veía a su familia ellos también estarían muertos o en que las personas que amaba crecerían sin él.

-Supongo… que tienes razón- dijo Eduardo mientras sostenía de un hombro a Bill para intentar regresarlo a la cordura – Anda Bill, solo vamos a ir a buscar refugio por ahora…- después una idea le llego a la mente- Debemos de estar en una región con un clima caótico… es imposible que estemos muertos-

-Es cierto…- dijo Bill con un poco de calma mientras los tres comenzaron a caminar

-Por cierto- Eduardo dijo refiriéndose a aquella mujer – ¿Cuál es tu nombre?-

-Alicia- dijo ella, y fue el último sonido que se escucho por largo tiempo. Los tres se dirigieron a la montaña más cercana, sin hablar… pero todos pensaban en lo mismo: “¿Qué está pasando?”

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